
El terremoto de Colombia daña la finca de Alquímico, uno de los mejores bares del mundo
La finca que el bar colombiano Alquímico mantiene en Filandia, en pleno eje cafetero, sufrió daños materiales tras el terremoto que sacudió el occidente del país el 10 de agosto. Ningún miembro del equipo ni de sus familias resultó herido, según confirmó su fundador, Jean Trinh.
El seísmo se registró a las 07:34 hora local, con una magnitud de 7,4 y epicentro en las proximidades de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, a unos 103 kilómetros de profundidad según el Servicio Geológico Colombiano. El Gobierno declaró situación de desastre nacional. El balance oficial de víctimas mortales superaba el centenar en los días inmediatamente posteriores y las autoridades lo siguieron revisando al alza conforme avanzaban las tareas de rescate, con Pereira entre las ciudades más golpeadas.
Alquímico, situado en Cartagena de Indias, ocupó el puesto 11 de The World’s 50 Best Bars en 2025 y trabaja con producto de su propia finca, justo en la región donde el terremoto se sintió con más fuerza. “El equipo de la finca está bien. Solo hemos sufrido daños materiales”, explicó Trinh, que describió una zona sin electricidad, sin agua corriente y sin conexión, con carreteras y aeropuertos cerrados durante los primeros días.
En una actualización posterior, el 12 de agosto, el fundador detalló que la gasolina resultaba muy difícil de conseguir y que muchas familias seguían sin recibir ayuda. Trinh anunció que acudiría a diario a repartir suministros a la comunidad Embera Chamí, con la que el bar mantiene una relación de años a través de la compra de los collares artesanales que elaboran decenas de familias.
Conviene detenerse en ese último punto, porque explica algo que en la barra no siempre se ve. Cuando un bar de este nivel trabaja con finca propia y con comunidades productoras, su carta depende de una cadena que empieza muy lejos de la coctelera y que un episodio así puede interrumpir durante meses. Es la contrapartida del producto de origen que tanto reivindicamos: da trazabilidad y relato, pero también expone al bar —y a quienes viven de abastecerlo— a riesgos que ninguna carta contempla.
Vía Drinks International.



