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«FUI A TOMAR ALGO, Y ME LIÉ…»

Hoy en Barman Academy, os hablamos de una situación bastante común. Nos referimos a esas veces en las que sólo íbamos a tomar algo, y acabamos a las tantas…

Y sí, salvo contadas excepciones, nos ha pasado a todos: salimos de casa con la idea de tomarnos algo y retirarnos pronto. No queríamos sufrir la resaca del día siguiente en el trabajo o a lo mejor teníamos tareas que cumplir. Pero… nos liamos.

Y acabamos llegando tarde al trabajo (e intentando que no se note), sufriendo dolor de cabeza y habiendo dormido muy pocas horas.

Pero, ¿por qué nos olvidamos tan pronto de nuestro propósito inicial y nos dejamos liar tan fácilmente?

Falta mucho para mañana…

El alcohol hace que nos resulte muy difícil pensar más allá del próximo trago. Beber tiene efectos en todo el cerebro, pero los primeros se dan en la corteza prefrontal, que es nuestro director ejecutivo, explica Fernando Cadaveira, catedrático de Psicobiología de la Universidad de Santiago de Compostela.

Esta región del cerebro planifica, toma decisiones, valora las posibilidades de éxito de nuestras acciones, evalúa riesgos y beneficios… Cuando bebemos, su actividad es mucho menor, por lo que tomamos decisiones haciendo valoraciones a corto plazo.

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Es decir, cuando llevamos tres cervezas o un par de cócteles, perdemos de vista la cada vez más probable resaca del día siguiente y estamos más interesados en la gratificación instantánea que supone pedir otra ronda y seguir con nuestros amigos.

Además, el alcohol tiene efectos euforizantes y desinhibidores, por lo que nos anima a hacer cosas que en otras circunstancias no haríamos. Y también hace que nos dejamos llevar más por el grupo que nos acompaña. ¿Otra? Venga, pues otra.

Cómo evitarlo

«El alcohol afecta sobre todo a los comportamientos marcados por un conflicto interno”, explican Roy F. Baumeister y John Tierney en Willpower: Rediscovering the Greatest Human Strength. En dicho conflicto, parte de ti quiere irse a casa a dormir, pero la otra prefiere tomarse una cerveza más.

Baumeister compara este conflicto a la imagen típica de un ángel y un demonio dando consejos, “pero no hay mucha pelea después de unos cuantos tragos”. Para entonces el ángel ya se ha ido a casa, refunfuñando y protestando porque nadie le hace caso nunca. “Hay que intervenir antes”.

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El alcohol afecta primeramente sobre la corteza prefontal del cerebro, dando prioridad a valoraciones a corto plazo.

– BA

Algunas claves para reforzar nuestros propósitos previos y nuestra fuerza de voluntad consisten en imaginarnos las consecuencias de nuestras acciones, por ejemplo antes de pedirnos el siguiente Dry Martini, tenemos que imaginar la resaca del día siguiente de la forma más lúcida que a esas alturas podamos.

También recomienda emplear las estrategias if-then (si… entonces). Consiste en ponernos normas como “si el reloj marca las once, me iré a casa” o “si ya me he tomado tres, no pediré una cuarta”. El problema es que estas estrategias solo se convierten en automáticas después de mucha práctica, por lo que si no estamos muy acostumbrados, es posible que fracasemos en el intento.

¿De verdad hay que evitarlo?

Más allá de estrategias para evitar esto, ¿es tan importante no dejarnos ir de vez en cuando? No. No pasa nada por dejarnos llevar en ocasiones. De hecho, como ya hemos comentado en otras ocasiones, generar estas situaciones donde tomar algo con nuestra gente es beneficioso para la salud, en este caso, la salud emocional, y está demostrado que aumenta la longevidad. Eso sí, importante, estamos hablando de «personas sanas con un consumo esporádico«.

Siempre hay que marcarse un límite, más dependiendo de según qué caso. Evidentemente para un conductor de autobús escolar o para un cirujano, el consumo moderado debe ser cero, en las horas previas a su oficio.

También varía en función a la edad, donde el patrón de consumo de alcohol adulto no es por lo general tan peligroso como el juvenil, que está muy concentrado en el fin de semana y que es instrumental, es decir, dirigido únicamente a “coger el punto”. Con los años, empezamos a beber de otra forma: «Ya no se concentra toda la bebida en dos horas y se pasa a una gestión del ocio más adulta y se prefiere, por ejemplo, una copa de vino o buen gintonic”.

En resumen, debemos autoconocernos, debemos saber que a veces estas cosas pasan, y que en ocasiones lo que iban a ser un par de cervezas pueden terminar mucho más tarde de lo previsto.

También debemos ser conscientes y sopesar las consecuencias de nuestros actos, y saber si realmente podemos liarnos, o no, y en caso negativo llevar a cabo estrategias eficaces a tiempo, antes de que sea demasiado tarde.

Esperamos que hayáis tomado nota, y desde Barman Academy os animamos a que cuando podáis, os vayáis a tomar sólo un par de cócteles o unas cervezas con los vuestros, y… sí, os dejéis liar.

Hasta la próxima!

Fuente: elpais.com

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